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Por reciclar, que no quede

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En la medida de lo posible, siempre intentamos reciclar cartones, vidrios, latas, etc.  pero se pueden reciclar muchísimas otras cosas como por ejemplo materia orgánica para hacer compost (restos de fruta, hojas, etc.) o … ¡cáscaras de huevos! Pues sí, las cáscaras de huevos pueden convertirse en una estupenda fuente de calcio para nuestros cultivos de tomates en macetas. Resulta que cuando tenemos un huerto en macetas, cada vez que regamos perdemos muchos nutrientes, entre ellos el calcio. Si a esto le añadimos que regamos con agua de bajo contenido en cal, como suele ser el caso en esta zona del país, nos vemos con que nuestras plantas desarrollarán enfermedades relacionadas con esas carencias; una de ellas, la podredumbre apical, ataca directamente al fruto de las tomateras y éste es el resultado.

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Esta enfermedad se denomina “podredumbre apical” ya que se genera en el pico/base del tomate cuando se está formando. El tomate seguirá creciendo y madurando de forma normal pero, al mismo tiempo, se irá pudriendo de abajo hacia arriba hasta matar el fruto.

De modo que la siguiente fórmula es muy peligrosa:

Planta en maceta + riego con agua pobre en calcio y/o estrés hídrico (falta o exceso de agua) = podredumbre apical del tomate

¿Qué debemos hacer? Podemos comprar en el mercado aportes de calcio o hacer lo que os proponemos a continuación: una solución económica, ecológica  y muy antigua (nuestros abuelos siempre lo han venido haciendo en el campo):

Cómo transformar las cáscaras de huevo en calcio:

Guardamos las cáscaras de los huevos que utilizamos para cocinar (tortillas, rebozados, bizcochos, etc.), las lavamos muy bien, las colocamos en un recipiente que soporte altas temperaturas y las dejamos secar en el horno durante unos 15 minutos a 180ºC. Una vez lleguemos a este punto, podemos elegir varias maneras de incorporar el calcio a la tierra,: se pueden trocear las cáscaras manualmente o machacándolas en un mortero y a continuación incorporar las cáscaras trituradas mezclándolas con la tierra de la superficie  de las macetas. Los microorganismos presentes en la tierra irán descomponiendo el calcio de las cáscaras. Este es un método preventivo que da muy buenos resultados.

En nuestro caso, como hemos tenido que intervenir de manera urgente porque ya habíamos detectado un brote en varios tomates en formación, hemos optado por lavar muy bien las cáscaras y luego pasarlas al horno como hemos descrito anteriormente y, una vez esterilizadas, las hemos pulverizado en el mini-molinillo de nuestra Kenwood, lo que ha permitido que la descomposición del calcio en el sustrato haya sido mucho más rápida. 

Otra manera de aumentar el calcio de la tierra consiste en regar con leche en polvo o leche normal diluida en agua. Es efectivo aunque mucho más caro. De momento con el polvo de cáscara de huevo parece que hemos “dado con la tecla” ya que los tomates que están saliendo nuevos no presentan ningún rastro de podredumbre. Ya os iremos contaremos la evolución pero de momento la cosa promete.

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Estos son nuestros tomates “micro” -así le llamamos nosotros ya que caben 8 en una sola cucharada-, de momento están sanísimos y deliciosos después del tratamiento.

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